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“...es Nuestra Misión, la misión irrenunciable de la Iglesia: la tarea de todo creyente que obra en los medios es la de ‘allanar el camino a nuevos encuentros, asegurando siempre la calidad del contacto humano y la atención a las personas y sus verdaderas necesidades espirituales, ofreciendo a los hombres que viven este tiempo ‘digital’ los signos necesarios para reconocer al Señor’“ Benedicto XVI

jueves, 10 de abril de 2014

Perturbadores III (Trolls)

Los trolls son una de las plagas más conocidas y extendidas dentro de las redes sociales. Recientemente, las universidades canadienses de Manitoba, Winnipeg y British Columbia han publicado un interesante estudio sobre estas peculiares personas. El estudio se denomina: “Trolls just want to have fun”, Los trolls solo quieren divertirse.

Entre los internautas entrevistados el 5,6% reconocía que actuaban como trolls y que disfrutaban con ello, "trolleando" a los demás. Los investigadores indican que es posible que el número de internautas que realmente hacen de trolls en alguna ocasión, puede estar cercano al 50%

"Los trolls que se reconocen como tales, indica que “gastan” 11 horas a la semana a su afición a molestar. Entre los casos registrados, un individuo reconoció pasar 79 horas a la semana actuando de troll. Esta cantidad de horas se corresponde al doble de la jornada laborar semanal.

Las características psicológicas de los trolls se basan en la psicopatía, narcisismo, maquiavelismo y sadismo. Siendo el sadismo la que más frecuentemente aparecía. Los trolls son sádicos en dos variantes: sadismo directo, al disfrutar provocando daño a un tercero, y sadismo indirecto, que se manifiesta por ejemplo al gozar con chorros de sangre realistas en los videojuegos. Disfrutan viendo sufrir a la gente.

Esta peculiaridad nos permite darnos cuenta que la diversión es lo que les motiva y si esta diversión no existe, el trolls cogen las maletas rápidamente y se marchan a buscar otra víctima. ¿Cómo conseguir que la diversión no se produzca? Les recomiendo las siguientes actitudes:
  •  No evidenciar disgusto o fastidio. Si el troll no encuentra su alimento, desaparece. Si contestamos amablemente y les agradecemos sus comentarios, reseñando que hemos encontrado algo positivo en sus mensajes, se esfuman en la mayoría de los casos.
  •  Cuando no desaparecen, la siguiente opción ignorar su acción. Tras un tiempo, seguramente se termine por marchar, pero a veces el problema no que no le contestemos. A veces lo que les motiva es algo que se dice en nuestro blog y emprenden una “apasionante y justa” cruzada contra nosotros.
  •  Si ignorar al troll no da resultado, nos quedan dos opciones: bloquear su acceso a nuestro blog/contenidos en la red social o impedirle hacer comentarios. La primera opción no es siempre posible, pero la segunda siempre está en nuestra mano.

 Pero no todos los trolls son malintencionados. Mi experiencia me ha llevado a encontrarme también con trolls buenos y bien intencionados. Es decir, personas que amablemente te tienen dando vueltas a un tema durante días, semanas o meses. Su intención es loable y su comportamiento sincero, pero generan estrés con sus constantes comentarios y sobre todo, hacen perder mucho tiempo. En estos casos, lo mejor es cerrarles el acceso a nuevos contenidos sin demostrar fastidio. Simplemente notarán que publicas menos o dejas el tema que es tan importante para ellos. Normalmente esto les calma y terminan por buscar otros espacios más divertidos u otras personas que les respondan según ellos desean.

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