Iglesia, TIC, Internet, Tecnologías de la Información, kerigma, redes sociales, Cristo, blogs, evangelio, comunidad, amor y gracia.

Nuestra misión

“...es Nuestra Misión, la misión irrenunciable de la Iglesia: la tarea de todo creyente que obra en los medios es la de ‘allanar el camino a nuevos encuentros, asegurando siempre la calidad del contacto humano y la atención a las personas y sus verdaderas necesidades espirituales, ofreciendo a los hombres que viven este tiempo ‘digital’ los signos necesarios para reconocer al Señor’“ Benedicto XVI

jueves, 27 de octubre de 2011

Trabajo en grupo (networking) colaborativo

Las comunidades virtuales pueden tener necesidades de organizarse y para ello ya existe diversidad de aplicaciones que son muy útiles.

Quizás las herramientas de Google docs sean las más conocidas debido a la disponibilidad y gratuidad de ellas. En Google Docs se pueden editar textos, formularios, hojas de cálculo, tablas, colecciones y presentaciones de forma similar a la suite Office de Microsoft. La diferencia es que podemos compartir estos documentos y trabajar en ellos aunque estemos a miles de Km de distancia. Es reseñable la posibilidad de insertar comentarios que pueden ser aceptados o comentados a su vez.

Pero cuando se utilizan este tipo de herramientas siempre surge una cierta desazón en cuanto a la participación y la planificación. Comparto una breve presentación que nos introduce muy bien en las bases del trabajo colaborativo. Hay que reseñar que la presentación está enfocada al trabajo colaborativo dentro de una empresa y por eso se reseñan aspectos que en las comunidades virtuales cristianas no tienen cabida.

Los dos aspectos más reseñables de la presentación son aquello nos hacen referencia la manera de organizarnos y a la forma de interacturar.

La planificación es imprescindible, pero conocer cómo tratar con quienes colaboramos, es al menos igual de importante. En el fondo de lo que se trata es de utilizar la red social que conformamos para conseguir un objetivo común.

Dios nos ha dado la oportunidad de unirnos y trabajar unidos más allá de las distancias, idiomas y husos horarios. No podemos menos que dar gracias a Dios.

sábado, 22 de octubre de 2011

Diálogo estratégico y terapéutico

Hoy traigo un libro interesante y breve, que nos abre al conocimiento de un mundo desconocido para muchos de nosotros: El diálogo estratégico. Comunicar persuadiendo: técnicas para conseguir el cambio. Autores: Nardone y Salvini. Editorial: Herder.

No es un libro rápido de leer, ya que presupone que el lector está familiarizado con el diálogo terapéutico que se utiliza dentro de la psicología; pero tampoco es un libro lleno de tecnicismos, ya que aborda el problema de la comunicación terapéutica con sencillez. Lo más interesante del libro es que nos señala una serie de herramientas para dialogar con quienes necesitan cambiar y no saben cómo hacerlo. Personas que sufren un bloqueo cognitivo, volitivo o emocional que les impide dar el paso hacia donde ellas mismas saben que deben de ir. En resumidas cuentas, nos dice cómo guiar a estas personas hacia el autodescubrimiento de sus problemas y así darles fuerzas para superarlos.

Resumiendo las indicaciones que sustentan el diálogo estratégico los pasos a seguir serían:

  1. Partir de la exposición del problema que preocupa y hace sufrir.
  2. Preguntas con ilusión de alternativas. Preguntar ofreciendo dos respuestas alternativas, permite que la persona se haga consciente de aquello que le sucede. Ella es la que elige y define su problema por medio de las elecciones que conscientemente realiza.
  3. Paráfrasis reestructurante: Utilizar una recapitulación de lo obtenido para reforzar el enfoque del problema y hacer sentir a quien tenemos delante, que le comprendemos.
  4. Evocar situaciones. Si es posible, es bueno propiciar que la persona explicite lo que siente, padece o sufre cuando se encuentra con lo que le bloquea. Ser consciente de la dimensión emotiva da poder frente a este tipo de bloqueos
  5. Resumir para redefinir. Cada cierto tiempo, recapitular lo indicado para que la persona acepte o rectifique lo que ella misma ha ido indicando. Se propone que la persona acepte esta recapitulación para que al hacerlo redefina conscientemente su problema.
  6. Prescribir como descubrimiento conjunto. Una vez se haya completado la aventura conjunta del autodescubrimiento del problema, es posible que la misma persona indique qué debe hacer y cómo tiene que abordar el problema.

El mismo libro indica que dominar este tipo de diálogo es un arte que se tarda en conseguir, pero que sus resultados, a veces, parecen mágicos.

Los autores ilustran esta técnica con una serie de diálogos reales que sirven de apoyo a la descripción teórica. Los diálogos son largos y no creo adecuado reproducir ninguno en esta breve entrada. Si a alguna persona le interesa el tema, puede hacerse con el libro y profundizar por si misma.

Pero, estimado lector, seguramente se preguntará qué tiene que ver esto con la Iglesia y las TIC. La pregunta es esencial, ya que implica la necesidad de colocar el conocimiento que ha adquirido en un ámbito práctico de aplicación.

Ser católico debería de ser sinónimo de evangelizador. Evangelizar es comunicar la Buena Noticia y responder de ella a quien nos requiera explicaciones. Muchas veces nos encontramos con personas “bloqueadas” en prejuicios que nos reclaman explicaciones que no son más que gritos desesperados de quien necesita ayuda. ¿Cómo abordar este diálogo en vivo y en la red? Esa es la pregunta que hace que le presente este libro como una posible solución.

Comunicar implica muchas veces una acción terapéutica que va más allá de nuestras fuerzas y conocimientos. La Verdad es la que realmente cura, pero hay que saber cómo transmitirla para que no sea rechazada por los prejuicios. ¿Cómo hacerlo? Una opción es el diálogo estratégico.

He leído blogs en los que el método de exposición es un dialogo entre dos personas. La verdad es que es una opción muy adecuada para quienes se vean reflejadas en este dialogo. Pero más allá del contenido evangelizador que comuniquemos mediante el diálogo, la forma en que desarrollemos el diálogo es también importante. El diálogo evangelizador debe ser siempre terapéutico. Deber buscar curar la herida de quien se acerca a nosotros buscando luz y agua de vida eterna.

Seguro que si se plantea el diálogo como una terapia y además utiliza una estrategia definida, los resultados serán mucho mejores. Tampoco dudo un momento en decir que esta herramienta, sin oración y ofrecimiento a Dios, es puro voluntarismo. Debemos rogar a Dios que nos transforme en herramientas eficaces de su voluntad.

No dude en compartir sus impresiones con nosotros. Comunicar crea comunidad. Podemos curarnos unos a otros y mediante la Palabra. ¿No es maravilloso?

domingo, 16 de octubre de 2011

Un nuevo areópago para el diálogo: aleteia.org

El sábado 15 de octubre, en el encuentro para la nueva evangelización que se realizó en el Vaticano, se presentó una plataforma de diálogo y formación online que seguro dará que hablar en los próximos meses y años: http://aleteia.org.

En este encuentro, la iniciativa fue presentada por su creador: Jesús Colina. Jesús Colina es corresponsal en Roma de Alfa y Omega, desde hace 20 años. Fue fundador de la agencia Zenit, de la que ha sido director durante catorce años. En estos momentos es presidente de la agencia multimedia H2O. Una persona capacitada y de experiencia contrastada.

Pero ¿Qué significa Aleteia? Aleteia, en la mitología griega, es el nombre de una las dos hermanas que personificaban la comunicación. Aleteia era el daimón de la veracidad, mientras que su hermana Ápate, era la que representaba el engaño. Fueron parte de los espíritus que se liberaron cuando Pandora abrió la famosa caja de las desgracias.

Pero ¿Qué es Aleteia.org? Aleteia.org es la primera comunidad basada en preguntas y respuestas sobre la fe católica, la vida y la sociedad. Surge como respuesta al desafío propuesto por Benedicto XVI de anunciar el Evangelio en los Nuevos Medios de Comunicación, en línea con el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales y el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización». Se define como una iniciativa privada, independiente de movimientos religiosos o instituciones.

En la página de presentación existe la posibilidad de elegir idioma, pero todavía el video de presentación está sólo en inglés.

El lanzamiento oficial se indica que será el 19 de este mes de octubre. Estaremos atentos para comentar las interioridades de esta nueva plataforma.

viernes, 14 de octubre de 2011

¿Se censura a los cristianos en Internet?

Ha aparecido un interesante estudio sobre la censura de las ideas y principios cristianos en la red. En concreto, ha sido publicado por el  National Religious Broadcasters (NRB), de Virginia (EEUU), con el título: Study Shows Social Media Censor Conservatives-Christians”.

El estudio nos indica que las grandes empresas implicadas en las redes sociales, son cada vez más sensibles a los contenidos que se desmarcan del pensamiento dominante: ideología de género, aborto libre, laicismo como panacea de convivencia, etc.

Estas empresas empiezan a utilizar un nuevo concepto para aplicar la censura de los contenidos que se difunden a través suya: “E discurso del odio”. El informe señala que la aplicación de este tipo de censura permitirá eliminar la publicidad de los grupos cristianos pro-familia, que se oponen a algunos grupos de defensa de los homosexuales que promueven la legalización del matrimonio del mismo sexo. Implica también que las críticas a otras religiones o sectas que consideremos teológicamente equivocadas.

El proceso de censura se inicia a petición de los usuarios que consideran de determinada página, enlace, herramienta o contenido incita al odio político o religioso. Este filtro, que en un principio podría tener razón de ser en comportamientos de odio real, puede ser utilizado en cualquier caso de discrepancia.

Pueden ampliar la noticia en este enlace a la agencia Zenit: Pulse

En otra entrada de este mismo blog hacía referencia a este caballo de batalla que tendremos que enfrentar más pronto que tarde. En concreto me refería a las posibilidades de censura oculta que ofrece el futuro estandar  web 3.0. De hecho, según los historiales de navegación que haya recogido el motor de búsqueda (Ej Google), se propondrán enlaces que se ajusten al perfil personal del usuario. Esto ya está en funcionamiento en Google y se puede experimentar su hacemos un búsqueda si hemos accedido a la cuenta Google o si la hacemos de forma anónima. Los resultados que nos muestra Google son diferentes.

Si Google o cualquier buscador futuro censura la búsqueda de contenidos cristianos o los restringe a determinados perfiles de usuario, hará imposible que una persona encuentre información sobre Dios, por ejemplo.

Le invito a hacer este experimento. Entre en el traductor de Google y seleccione una traducción del inglés al español. Introduzca en ingles “God bless you” (Dios le bendiga). La traducción al español que aparecerá es “Salud!” ¿Dónde ha quedado la palabra Dios? ¿Por qué ha desaparecido? ¿Piensa Google que a los hispanohablantes nos molestará la referencia a Dios en nuestras traducciones?

La pregunta es cómo podremos superar estas limitaciones a la hora de desarrollar actividades evangelizadoras en la red. El Espíritu nos abrirá el entendimiento para solventar estos obstáculos. En estos momentos, lo que podemos hacer es protestar y utilizar nuestra capacidad de presión para poner en entredicho la política de las grandes corporaciones.  

miércoles, 12 de octubre de 2011

Comunicar la Fe (y IV)


Estamos ya en la cuarta y última entrega del texto “Diez reglas para comunicar la Fe”  de D. Juan Manuel Mora, vicerrector de la Universidad de Navarra en el L'Osservatore Romano, disponible en Zenit.

3. Veamos por último algunos principios que se refieren al modo de comunicar: 

El primero es la profesionalidad. “Gaudium et Spes” recuerda que cada actividad humana tiene su propia naturaleza, que es preciso descubrir, emplear y respetar, si se quiere participar en ella. Cada campo del saber tiene su metodología; cada actividad, sus normas; y cada profesión, su lógica.

La evangelización no se producirá desde fuera de las realidades humanas, sino desde dentro: los políticos, los empresarios, los periodistas, los profesores, los guionistas, los sindicalistas, son quienes pueden introducir mejoras prácticas en sus respectivos ámbitos. San Josemaría Escrivá  recordaba que es cada profesional, comprometido con sus creencias y con su profesión, quien ha de encontrar las propuestas y soluciones adecuadas. Si se trata de un debate parlamentario, con argumentos políticos; si de un debate médico, con argumentos científicos; y así sucesivamente.

Este principio se aplica a las actividades de comunicación, que están conociendo un desarrollo extraordinario en los últimos años, tanto por la calidad creciente de las formas narrativas, como por las audiencias cada vez más amplias y por la participación ciudadana cada día más activa.

El segundo principio podría denominarse transversalidad. La profesionalidad es imprescindible cuando en un debate pesan las convicciones religiosas. La transversalidad, cuando pesan las convicciones políticas.

En este punto, vale la pena mencionar la situación de Italia. Al hacer la declaración de la renta, más del 80% de los italianos marcan la casilla correspondiente a la Iglesia, porque desean apoyar económicamente sus actividades. Eso quiere decir que la Iglesia merece la confianza de una gran mayoría de ciudadanos, no solamente de quienes se reconocen en una tendencia política.

En ese país, y en muchos otros, los católicos no plantean su acción pública poniendo su esperanza en un partido. Saben por experiencia que lo importante no es que una formación  política incorpore a su programa la doctrina social cristiana, sino que esos valores se hagan presentes en todos los partidos, de modo transversal.

El tercer principio relativo al modo de comunicar es la gradualidad. Las tendencias sociales tienen una vida compleja: nacen, crecen, se desarrollan, cambian y mueren. En consecuencia, la comunicación de ideas tiene mucho que ver con el “cultivo”: sembrar,  regar, podar, antes de cosechar.

El fenómeno de la secularización se ha ido consolidando en los últimos siglos. Procesos de tan larga gestación no se resuelven en años, meses o semanas.

El cardenal Ratzinger explicaba que nuestra visión del mundo suele seguir un paradigma “masculino", donde lo importante es la acción, la eficacia, la programación y la rapidez. Y concluía que conviene dar más espacio a un paradigma “femenino", porque la mujer sabe que todo lo que tiene que ver con la vida requiere espera, reclama paciencia.

Lo contrario de este principio es la prisa y el cortoplacismo que llevan a la impaciencia y muchas veces también al desánimo, porque es imposible lograr objetivos de entidad en plazos cortos.

A estos nueve principios habría que agregar otro que afecta a todos los aspectos mencionados: al mensaje, a la persona que comunica y al modo de comunicar. El principio de la caridad.

Algunos autores han destacado que, en los primeros siglos, la Iglesia se extendió de forma muy rápida porque era una comunidad acogedora, donde era posible vivir una experiencia de amor y libertad. Los católicos trataban al prójimo con caridad, cuidaban de los niños, los pobres, los ancianos, los enfermos. Todo eso se convirtió en un irresistible imán de atracción.

La caridad es el contenido, el método y el estilo de la comunicación de la fe; la caridad convierte el mensaje cristiano en positivo, relevante y atractivo; proporciona credibilidad, empatía y amabilidad a las personas que comunican; y es la fuerza que permite actuar de forma paciente, integradora y abierta.  Porque el mundo en que vivimos es con demasiada frecuencia un mundo duro y frío, donde muchas personas se sienten excluidas y maltratadas y esperan algo de luz y de calor. En este mundo, el gran argumento de los católicos es la caridad. Gracias a la caridad, la evangelización es siempre y verdaderamente, nueva.


Cabría preguntarse si el “oficio” de blogger o de divulgador en las redes sociales, conlleva algún grado de profesionalidad. Depende de cómo entendamos el concepto de profesión. Estimado lector ¿Recuerda que llamamos al Credo, “profesión” de Fe?

Se profesa lo que se vive con honestidad desde lo que somos. El blogger católico es una persona que profesa las ganas de comunicar su Fe en las diversas dimensiones de la vida social. Profesa su unión a la Iglesia, revelación y Magisterio.  Incluso si no hace mención específica de textos o referencias, el propio testimonio es una profesión.

Pues bueno, el blogger necesita profesionalidad que lleva a saber qué el motiva a comunicar y qué desea comunicar.

La transversalidad es también un concepto muy interesante. En una sociedad tan compleja, todo planteamiento termina llegando a nivel de sistema. Es decir, hablar de cualquier elemento de nuestra sociedad nos conduce a recapacitar sobre su modelo y funcionamiento. En este movimiento analítico, aparecen continuamente cuestiones paralelas que tenemos que tratar, queramos o no.

Un ejemplo, si hablamos del aborto, terminamos hablando de filosofía, bilogía, teología, economía y política. Esta transversalidad es necesario gestionarla para no meter la pata en cualquier argumento y nuestra relevancia y credibilidad acabe por lo suelos.

El tercer punto es también muy interesante: la gradualidad. Cuando nos comunicamos es necesario adecuar la transmisión del mensaje según un proceso de menos a más. De más divulgativo a más profundidad. De otra forma, el interlocutor podrá aburrirse por no entender nada o porque nos quedamos en las ramas. Es interesante acercarse a las herramientas psicológicas que se han ido desarrollando para afrontar el diálogo y los conflictos. Pero ese tema lo dejaré para otra entrada.

Por último tenemos lo más importante: la caridad. Sin caridad nada valgo y nada soy. Sin caridad mis obras son banales. Sin caridad el cristianismo queda en moralina sin sustento. Tengamos caridad siempre y aunque nos cueste mucho.

No dude en compartir sus impresiones con nosotros. Comunicar crea comunidad.

sábado, 8 de octubre de 2011

El futuro de los medios

Aunque no soy periodista ni pretendo serlo, me ha parecido interesante traer las previsiones sobre el futuro del periodismo  (5-10 años) realizadas por el diario digital inglés The Huffington Post.

Hablar de periodismo es hablar de los medios que lo soportan. Por esa razón es interesante preveer en escenario de evangelización digital que podemos esperar para esas fechas.

Las previsiones se resumen en un decálogo proveniente de las conclusiones de un foro de expertos, formado por diversas personalidades como Bob Carrigan (CEO, IDG Communications), Beth Comstick (SVP y Chief Marketing, General Electric), Mike Kelly (CEO, The Weather Channel), Steve Lacy (CEO, Meredith Corporation), Brian Monahan (EVP, Director General de IPG Media Lab), y Bob Pittman (presidente de Clear Channel). Es decálogo es el siguiente:

  1. Gran dominio de los dispositivos portátiles (desde móviles en el formato actual a mini-dispostivos como los iPod o similares). Todos estos dispositivos estarán interconectados por lo que es fundamental el posicionamiento de los medios.
  2. Se podrá descargar la televisión para verla de forma interactiva.
  3. A la radio le espera un futuro incierto.
  4. Con las nuevas tecnologías se podrá interactuar con los anuncios y anunciantes.
  5. La inmediatez de un medio y la actualización continua será incluso más importante que la calidad.
  6. La información se tendrá que adaptar a la nueva creatividad.
  7. Los anuncios se centrarán en las redes sociales dejando a un lado a los medios.
  8. Todos los dispositivos van a interactuar.
  9. El usuario tendrá una experiencia más directa dentro de los medios de comunicación, una mayor participación.
  10. La evolución de los medios seguirá avanzando.


Creo que son reseñables tres aspectos:

1.  Medios interactivos: autor y lector establecen contacto. Inmediatez por encima de calidad de contenidos.
2.     Dispositivos ubicuos: en todas partes se podrá acceder a la información
3.     Las redes sociales se incorporarán a las estrategias de comunicación.

Cómo habitantes digitales que hemos tomado un cierto compromiso comunicativo de nuestra Fe. ¿Hacia dónde iremos?

Seguramente tendremos que entrar cada vez más en contenidos multimedia capaces de ser reproducidos con imagen sonido y texto. La estética cobrará más importancia y el diseño de la presentación de los contenidos será importante. Cada vez seremos más dependientes de programas que elaboren automáticamente estas estéticas. Seguramente habrá propuestas católicas que nos faciliten nuestra labor. Las redes sociales seguirán siendo el Areópago en el que actuaremos.

De todas formas, los humanos siempre estamos predispuestos a pintar futuros que nunca llegan se realidad. Sólo Dios sabe qué será de nosotros dentro de 5 años.

No dude en compartir sus impresiones con nosotros. Comunicar crea comunidad.

viernes, 7 de octubre de 2011

Comunicar la Fe (III)

Continuemos con la tercera parte del texto “Diez reglas para comunicar la Fe”  de D. Juan Manuel Mora, vicerrector de la Universidad de Navarra en el L'Osservatore Romano, disponible en Zenit.

1.     Pasemos ahora a los principios relativos a la persona que comunica.

Para que un destinatario acepte un mensaje, la persona o la organización que lo propone, ha de merecer credibilidad. Así como la credibilidad se fundamenta en la veracidad y la integridad moral, la mentira y la sospecha anulan en su base el proceso de comunicación. La pérdida de credibilidad es una de las consecuencias más serias de algunas crisis que se han producido en estos años.

Por otra parte, en comunicación, como en economía, cuentan mucho los avales. El aval de una autoridad en la materia, o de un observador imparcial, representa una garantía para la opinión pública. Con otras palabras, nadie se avala a sí mismo. Existen instancias que, con mayor o menor fundamento, ejercen esa función evaluadora. En el ámbito de la opinión pública, ese aval lo otorgan principalmente los periodistas. Por eso, es crucial considerarlos como aliados, nunca como enemigos, en el proceso de comunicación.

El segundo principio es la empatía. La comunicación es una relación que se establece entre personas, no un mecanismo anónimo de difusión de ideas. El Evangelio se dirige a personas: políticos y electores, periodistas y lectores. Personas con sus propios puntos de vista, sus sentimientos y sus emociones.

Cuando se habla de modo frío, se amplía la distancia que separa del interlocutor. Una escritora africana ha afirmado que la madurez de una persona está en su capacidad de descubrir que puede “herir” a los demás y de obrar en consecuencia.

Nuestra sociedad está superpoblada de corazones rotos y de inteligencias perplejas. Hay que aproximarse con delicadeza al dolor físico y al dolor moral. La empatía no implica renunciar a las propias convicciones, sino ponerse en el lugar del otro. En la sociedad actual, convencen las respuestas llenas de sentido y de humanidad.

El tercer principio relativo a la persona que comunica es la cortesía. La experiencia muestra que en los debates públicos proliferan los insultos personales y las descalificaciones mutuas. En ese marco, si no se cuidan las formas, se corre el riesgo de que la propuesta cristiana sea vista como una más de las posturas radicales que están en el ambiente. Aun a riesgo de parecer ingenuo, pienso que conviene desmarcarse de este planteamiento. La claridad no es incompatible con la amabilidad.

Con amabilidad se puede dialogar; sin amabilidad, el fracaso está asegurado de antemano: quien era partidario antes de la discusión, lo seguirá siendo después; y quien era contrario raramente cambiará de postura.

Recuerdo un cartel situado a la entrada de un “pub” cercano al Castillo de Windsor, en el Reino Unido. Decía, más o menos: En este local son bienvenidos los caballeros. Y un caballero lo es antes de beber cerveza y también después. Podríamos añadir: un caballero lo es cuando le dan la razón y cuando le llevan la contraria.

Recapitulemos los tres puntos que nos señala D. Juan Manuel Mora

a.     Credibilidad
b.     Empatía
c.      Cortesía

La credibilidad es necesaria para propiciar el diálogo y que sea además sea fructífero. La credibilidad puede ser previa, pero también puede ganarse durante el mismo diálogo. Todo depende de nuestra capacidad para dar razones y apoyarlas sobre premisas de consenso.

Hay que hacer el esfuerzo de intentar buscar unos fundamentos comunes para empezar el diálogo. Después tendremos que razonar o desarrollar lo que digamos a partir de estos fundamentos. De esta forma ganaremos en credibilidad según avancemos en el diálogo.

Ahora, a veces nos encontramos enredados en diálogos circulares. ¿Qué hacer? Cerrarlos con amabilidad y cortesía. Los argumentos circulares machacan las neuronas y no llevan más que a la desesperación.

¿Qué sucede cuando no hay nada común que podamos utilizar para dialogar? En estos casos mostrar afecto y respeto es lo único positivo a ofrecer.

Pero hay que tener claro que a veces empatía y cortesía están ausentes de las premisas del diálogo. Si el punto de partida es que “quien no piense como yo es un fariseo”, limita el espacio a la empatía y la cortesía. Se puede mostrar educadamente que esta premisa coincide justamente con las formas que se critican.  Hay que ser conscientes que esta simple acción sentencia la empatía potencial que pudiera esperarse, pero evidencia que es imposible que la empatía sea unidireccional y a favor de una de las partes.

No dude en compartir sus impresiones con nosotros. Comunicar crea comunidad.

jueves, 6 de octubre de 2011

Ha fallecido Steve Jobs. Descanse en paz


Esta noche ha fallecido una de las personas que más ha influido en el mundo de hoy, Steve Jobs. Confundador de Apple, diseñador visionario, guru de los mercados y creador de nuevas necesidades humanas.

He incluido un video del su discurso en el acto de graduación de la Universidad de Stanford, en la que habla de los tres elementos cruciales en su vida:

  • La causalidad vital como definidora de lo que somos
  • El amor a lo que uno se dedica y a los que uno quiere
  • La muerte como horizonte y motivación vital

Merece la pena detenerse a leer el mensaje que nos transmite en le video, ya que en el fondo nos damos cuenta que Steve es incapaz de ir más allá de la estética de la vida. Se hace evidente que hubiera necesitado de Dios para dar el salto de la estética consumista a la belleza trascendente. Pero aún así, su obra es utilizada por Dios para transmitirse a todo el mundo. La Obra de Dios no necesita de nosotros para dar frutos.

Decididamente Steve Jobs fue un hombre de éxito, que supo utilizar sus fracasos como catapulta para nuevos éxitos. Hay que reconocerle su capacidad para transmitir una cultura nueva a un mundo ansioso de novedades e ídolos a los que imitar. Su capacidad crear objetos de deseo tecnológico ha sido proverbial.

Desde mi humilde punto de vista, la informática le debe la integración de la estética y del deseo en las herramientas que nos ha vendido. Si Steve Jobs no hubiera existido, otras personas hubieran ofrecido las mismas soluciones, pero seguramente no hubieran tenido del glamour del deseo que supo transmitir.

Es reseñable lo minimalista de su atuendo y formas de comunicar. Vestido con ropas caras pero sencillas, hacía del producto que vendía el centro de su puesta en escena. Sabía que muchas personas le veneraban y supo transmitir a sus diseños la veneración que se profesaba a su persona.

En cierta manera, veo algunos paralelismos con Juan Pablo II en cuanto a su capacidad de desplazar la admiración que producía a lo que ofrecía. Pero, evidentemente la oferta de uno y otro era muy diferente.

¿Los católicos podemos aprender algo de Steve Jobs? Quizás su capacidad de unir la estética a su vida y obra. Quizás su perseverancia y ánimo vital. Incluso su reflexión vital nos puede mostrar que nosotros tenemos muchas más respuestas y razones para levantarnos cada día felices y llenos de ilusión. Nuestra misión no caduca con nosotros mismos ni tampoco depende únicamente de nuestro ánimo. Sabemos que Dios es la casualidad que nos mueve, la fuente de todo amor que vivimos y nos acogerá tras el horizonte de la muerte.

Oremos por el alma Steve Jobs. 

domingo, 2 de octubre de 2011

La Comunicación de la Fe (II)

Continúo comentado la segunda parte del texto “Diez reglas para comunicar la Fe”  de D. Juan Manuel Mora, vicerrector de la Universidad de Navarra en el L'Osservatore Romano, disponible en Zenit.

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     1.     Veamos primero los principios relativos al mensaje.

Ante todo, el mensaje ha de ser positivo. Los públicos atienden a informaciones de todo género, y toman buena nota de las protestas y las críticas. Pero secundan sobre todo proyectos, propuestas y causas positivas. Juan Pablo II afirma en la encíclica “Familiaris consortio” que la moral es un camino hacia la felicidad y no una serie de prohibiciones. Esta idea ha sido repetida con frecuencia por Benedicto XVI, de diferentes maneras: Dios nos da todo y no nos quita nada; la enseñanza de la Iglesia no es un código de limitaciones, sino una luz que se recibe en libertad

El mensaje cristiano ha de transmitirse como lo que es: un sí inmenso al hombre, a la mujer, a la vida, a la libertad, a la paz, al desarrollo, a la solidaridad, a las virtudes... Para transmitirla adecuadamente los demás, antes hay que entender y experimentar la fe de ese modo positivo.

Adquieren particular valor en este contexto unas palabras del Cardenal Ratzinger: “La fuerza con que la verdad se impone tiene que ser la alegría, que es su expresión más clara. Por ella deberían apostar los cristianos y en ella deberían darse a conocer al mundo”. La comunicación mediante la irradiación de la alegría es el más positivo de los planteamientos.

En segundo lugar, el mensaje ha de ser relevante, significativo para quien escucha, no solamente para quien habla. 

Tomás de Aquino afirma  que hay dos tipos de comunicación: la locutio, un fluir de palabras que no interesan en absoluto a quienes escuchan;  y la illuminatio, que consiste en decir algo que ilustra la mente y el corazón de los interlocutores sobre algún aspecto que realmente les afecta.

Comunicar la fe no es discutir para vencer, sino dialogar para convencer. El deseo de persuadir sin derrotar marca profundamente la actitud de quien comunica. La escucha se convierte en algo fundamental: permite saber qué interesa, qué preocupa al interlocutor. Conocer sus preguntas antes de proponer las respuestas.

Lo contrario de la relevancia es la auto-referencialidad: limitarse a hablar de uno mismo no es buena base para el diálogo.

En tercer lugar, el mensaje ha de ser claro. La comunicación no es principalmente lo que  el emisor explica, sino lo que el destinatario entiende. Sucede en todos los campos del saber (ciencia, tecnología, economía): para comunicar es preciso evitar la complejidad argumental y la oscuridad del lenguaje. También en materia religiosa conviene buscar argumentos claros y palabras sencillas.  En este sentido, habría que reivindicar el valor de la retórica, de la literatura, de las metáforas, de las imágenes, de los símbolos, para difundir el mensaje cristiano.

A veces, cuando la comunicación no funciona, se traslada la responsabilidad al receptor: se considera a los demás como incapaces de entender. Más bien, la norma ha de ser la contraria: esforzarse por ser cada vez más claros, hasta lograr el objetivo que se pretende.

El fragmento tiene muchos elementos que comentar y discernir cómo podemos llevar estos puntos a nuestra labor en la red. Podemos ser creadores de blog o simplemente comentaristas en las redes sociales, pero nuestra misión es evangelizar en cada uno de los niveles que seamos capaces.

Comencemos por la formulación positiva del mensaje. Esto cuesta y lo digo por experiencia. Pero ¿Por qué en positivo? Porque defender las negaciones implica reseñar el mal, mientras que argumentar en positivo implica señalar el bien. Pensemos en el cambio que experimentó el ser humano desde que Dios le entregó los mandamientos hasta que Jesús pronunció el Sermón de la Montañas. Desde un conjunto de prohibiciones a un conjunto de bienaventuranzas. En muchos casos el “no mal” no implica el bien, sino un estado de letargo de nuestra voluntad.

Pero hemos de tener cuidado. Aunque a veces es necesario señalar una frontera mediante un mensaje negativo, no debemos quedarnos en la formulación negativa, sino adjuntarle una formulación del bien correspondiente.  Por ejemplo: decir que “no matarás” es evidente, pero no nos quedemos ahí, nuestra labor es dar más sentido a la vida de todo aquel que lo necesite.

Otra reseña interesante es la diferencia entre la locutio y la illuminatio. La diferencia entre enviar palabras y que estas sean relevantes para quien nos escucha o lee. En el fondo de lo que habla D. Juan Manuel de que la comunicación necesita un emisor y un receptor. El receptor debe hacer suyo mensaje o se producirá un error que tendremos que gestionar.

Dice D. Juan Manuel Mora, que “La comunicación no es principalmente lo que  el emisor explica, sino lo que el destinatario entiende.”, lo que desde mi punto de vista es cierto, pero no termina de exponer el problema de comunicación de la Fe en toda su extensión.

Para comunicar a veces hay que saber primeramente qué es lo que podemos comunicar. Hay cuestiones que no podemos comunicar sin un proceso vital o de formación previa. Otras cosas necesitan de un medio y un código compartido. El lenguaje con que comunicamos la Fe debe adecuarse a quien nos escucha, sin que esto conlleve pérdida alguna del mensaje que enviamos. Si para comunicar tenemos que desestimar partes esenciales del mismo, mejor dejemos el tema que nos ocupa. Se evidencia que hay otras cosas que comunicar antes. El fin no justifica los medios.

Pero muchas veces nos encontramos con prejuicios que no podemos romper fácilmente ¿Cómo comunicamos el concepto de pecado a quien rechaza la palabra misma? Tendremos que abstraer la palabra y hablarle de cómo se siente después de una acción que le daña a él o al prójimo. Ante nuestra formulación podemos darnos cuenta si el receptor “sintoniza” empáticamente o simplemente niega la evidencia.

Puede ser que no consigamos “enganchar” de ninguna manera. Incluso bajando al sentimiento de daño causado más básico. Nos damos cuenta que no comunicamos nada a quien nos oye/lee y por ello nos daremos cuenta que falla algo importantísimo: la empatía de nuestra propia naturaleza. La empatía es la capacidad de sentirse en quien tenemos delante y viceversa. Si quien tenemos delante no es capaz de sentir empatía en los rasgos más básicos de su naturaleza humana, simplemente no podemos comunicarnos.

Es evidente que muchas veces quienes tenemos delante no son capaces de entendernos y esto no proviene de un defecto del emiso, sino por un fallo en el receptor. Habrá que esperar a que madure como persona o al menos pierda la soberbia de sentirse por encima de su propia naturaleza.

Con estas personas hay que tener paciencia y caridad. Incluso si nos insultan o desprecian. Con el propio juego del desprecio pueden empezar a madurar.

No dude en compartir sus impresiones con nosotros. Comunicar crea comunidad.

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