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Nuestra misión

“...es Nuestra Misión, la misión irrenunciable de la Iglesia: la tarea de todo creyente que obra en los medios es la de ‘allanar el camino a nuevos encuentros, asegurando siempre la calidad del contacto humano y la atención a las personas y sus verdaderas necesidades espirituales, ofreciendo a los hombres que viven este tiempo ‘digital’ los signos necesarios para reconocer al Señor’“ Benedicto XVI

domingo, 27 de marzo de 2011

Nuevo lenguaje de comunicación de la Iglesia (IV)

Seguimos desgranando el mensaje del Santo Padre para la asamblea plenaria del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales. Esta vez reseñamos unos párrafos realmente interesantes: 
"La cultura digital plantea nuevos desafíos a nuestra capacidad de hablar y de escuchar un lenguaje simbólico que hable de la trascendencia", reconoció.

Jesús … "en el anuncio del Reino supo utilizar elementos de la cultura y del ambiente de su tiempo: el rebaño, los campos, el banquete, las semillas, etc.".

"Hoy somos llamados a descubrir, también en la cultura digital, símbolos y metáforas significativas para las personas, que puedan ser de ayuda al hablar del Reino de Dios al hombre contemporáneo"

No es fácil lo que nos pide el Santo Padre. El lenguaje simbólico de Cristo se sustenta en la realidad cotidiana que vivían sus contemporáneos. Hoy en día, la realidad que vivimos no siempre está en sintonía con la verdad que nos rodea. El entendimiento de las gentes antiguas era principalmente analógico, ya que buscaban en lo que les rodeaba pistas que les llevaran a entender aquello que desconocían. Su pensamiento buscaba la síntesis de la realidad en un todo lógico y coherente. Por eso entendían tan bien las parábolas y el lenguaje simbólico utilizado por Jesús. Hoy a muchas personas les resulta ininteligibles las parábolas. No saben cómo crece el trigo o qué es la cizaña o qué significaba un rebaño de ovejas o qué representaba el pan y el vino en el contexto del siglo I.

Hoy en día, desde pequeños nos enseñan a entender la realidad de manera analítica. Buscamos entendemos la realidad troceándola hasta el infinito, utilizando la premisa de que por medio de las partes podemos conocer el todo. Esto nos lleva necesariamente a perder la visión  integradora de lo que nos rodea, de nuestra vida y de nosotros  mismos. El lenguaje sim-bólico (sintético) es diferente al dia-bolico (analítico). El sím-bolo es integrativo, analógico y sistémico. Crea modelos y hermenéuticas que dan sentido a nuestra vida con coherencia. El dia-bolo rompe, desune, desconecta y confunde.

La consecuencia inmediata de utilizar una hermenéutica vital analítica es la incapacidad de encontrar la huella de Dios que todo lo que nos rodea. Dios desaparece o se aleja a una tremenda distancia. Se convierte en un Dios desafecto e innecesario. 

Con este panorama ¿Podemos encontrar un nuevo lenguaje simbólico basado en las nuevas tecnologías de la comunicación?

Desde mi punto de vista no es posible. La virtualidad nos separa de la realidad y nos permite contradecir aparentemente todo lo que es imposible de soslayar en el mundo real. La virtualidad desliga causas y efectos a gusto de quien programa el modo de interacturar. Tenemos mundos virtuales donde todo aparece y desaparece en milésimas de segundo. Todo es ubicuo e inmediato y aparentemente gratuito. No es necesario el esfuerzo y el trabajo para conseguir lo que en el mundo real requeriría de tiempo y dedicación. ¿Dónde encontrar referencias coherentes y universales dónde nada tiene porqué ser como es en la realidad? ¿Dónde están los símbolo universales que tanto necesitamos?

En todo caso, estos símbolos son equivalentes a cualquier otro modelo o hermenéutica creada a gusto de quien la diseña. No existe forma de discernir y comprobar qué es verdadero y qué es falso.

¿Entonces qué hacer? Por una parte, la solución al desafío que nos plantea el Santo Padre nos implica en la labor de investigar y desarrollar formas y modos para enseñar y comunicar el lenguaje simbólico tradicional a través de las nuevas tecnologías. Cambiará el soporte o la expresión estética, pero lo que no puede cambiar es el fondo y las analogías que conforman mensaje.

Si nos preguntamos si existe algo real en la red y lo buscamos, terminaremos por encontrar el elemento más importante y real de toda la virtualidad: nosotros mismosConscientes de esto podemos luchar para ser signos vivos de Cristo en la red. Pero aparte del “yo” está el “tu”. Podemos señalar en los demás todo lo que tienen de imagen de Dios y la importancia de que sean conscientes de ello.

Preguntas¿Cuanta realidad encontramos en la red? ¿Nos presentamos a nosotros mismos como seres reales... o como seres ficticios-ideales? ¿Somos conscientes de que necesario aprender y utilizar el lenguaje simbólico en la red? ¿Nos da vergüenza hacerlo? ¿Nos parece que estamos en el siglo I si decimos que Cristo es el Sol que nace de lo alto? ¿Estamos dispuestos a formarnos en este lenguaje simbólico?

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