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Nuestra misión

“...es Nuestra Misión, la misión irrenunciable de la Iglesia: la tarea de todo creyente que obra en los medios es la de ‘allanar el camino a nuevos encuentros, asegurando siempre la calidad del contacto humano y la atención a las personas y sus verdaderas necesidades espirituales, ofreciendo a los hombres que viven este tiempo ‘digital’ los signos necesarios para reconocer al Señor’“ Benedicto XVI

lunes, 21 de mayo de 2018

Espíritu Santo es comunicación. Pero ¿Qué comunicación?




Dice el catecismo de la Iglesia Católica:

687 "Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios" (1 Co 2, 11). Pues bien, su Espíritu que lo revela nos hace conocer a Cristo, su Verbo, su Palabra viva, pero no se revela a sí mismo. El que "habló por los profetas" (Símbolo Niceno-Constantinopolitano: DS 150) nos hace oír la Palabra del Padre. Pero a él no le oímos. No le conocemos sino en la obra mediante la cual nos revela al Verbo y nos dispone a recibir al Verbo en la fe. El Espíritu de verdad que nos "desvela" a Cristo "no habla de sí mismo" (Jn 16, 13). Un ocultamiento tan discreto, propiamente divino, explica por qué "el mundo no puede recibirle, porque no le ve ni le conoce", mientras que los que creen en Cristo le conocen porque él mora en ellos (Jn 14, 17).

Es frecuente escuchar y leer que la Iglesia comunica una gran cantidad de cosas. Últimamente se han unido cosas como la ecología, la alabanza de la pobreza, la igualdad entre los seres humanos, etc. ¿Están estos items en el Evangelio? Evidentemente no, aunque quienes defienden que "otra iglesia es posible", son capaces de retorcer lo conveniente y olvidar lo inconveniente, para hacernos creer que el Evangelio dice lo que ellos desean.

¿Qué revela el Espíritu Santo? 

A Cristo, Logos, Camino, Verdad y Vida, Piedra Angular, Puerta, etc... 

¿Y todo lo que nos hemos inventado? Me temo que todo lo que hemos inventado opaca, oculta y desdibuja a Cristo.

¡Que el Espíritu hable por nuestra boca! Lo es igual que decir, que Cristo sea el protagonista de lo que comuniquemos. Todo lo demás son estéticas y convencionalismos de cada época eclesial.

lunes, 30 de abril de 2018

¿Qué comunicamos? ¿Confusión?


"Llevamos a Francisco al mundo"


El cartel que hay colocando en la Piazza Navona en Roma, evidencia una Iglesia confundida y desorientada:

  1. ¿Qué sentido tienen unos medios de comunicación eclesiales que no se centran en Cristo?
  2. ¿Qué sentido tiene una Iglesia que olvida que sólo Cristo salva?
  3. ¿Qué sentido tiene llevar otro mensaje que no sea la Palabra, el Logos, que da sentido a todo y a todos?
Deberíamos reflexionar, porque estamos vendiendo una mercancía y no llevando la Palabra a quien la anhela. 

domingo, 22 de abril de 2018

La Iglesia debe comunicar sólo una cosa: el Evangelio

Desgraciadamente, la comunicación eclesial es caótica en muchos aspectos. No existen pautas para que grupos, parroquias, diócesis, organismos diversos y hasta la misma la Santa Sede, comuniquen en los medios de comunicación. No se trata de comunicar actividades, conferencias, exposiciones, shows, etc.  Eso se suele hacer bien desde las secretarías de medios. Allí hay estupendo profesionales. 

Aunque nos parezca extraño, lo que la Iglesia debería comunicar es el Evangelio. 

Ese fue el mandato del Señor y eso es lo que hemos olvidado desde hace ya bastantes décadas. Tendemos a mirarnos el ombligo y el Evangelio no está precisamente en nuestro ombligo.

La Santa Sede cuenta con una maquinaria de comunicación impresionante. Cuenta con profesionales de primer orden. Tomemos las noticias de la Santa Sede del mes pasado y preguntémonos por cuánto Evangelio comunica esta estructura comunicativa eclesial. Podríamos decir que poco o nada. ¿Por qué lo digo? Podemos fijarnos en qué es noticia de la Iglesia en el último año y nos daremos cuenta de algo que es evidente.

Lo que realmente tiene impacto mediático son las peleas internas y los shows mediáticos que se montan.

Hace pocas fechas dimitió el responsable de comunicación de la Santa Sede ¿Por qué lo hizo? No fue porque hubiera llevado a Cristo donde no puede ser nombrado. La dimisión parte de la manipulación de la información de actividades internas de la Santa Sede. En concreto, de una solicitud a Benedicto XVI para que prologara una serie de libros en los que diversos teólogos hablan sobre el Papa Francisco. ¿Y Cristo? ¿Dónde quedó? ¿Y el Evangelio? ¿Quiénes se ocupan de llevarlo a todo rincón de la tierra? La comunicación eclesial no lo hace, porque se centra en la estructura humana de la Iglesia.

Si realmente queremos un Iglesia que cumpla con lo que Cristo le encomendó, sería necesario cambiar radicalmente las estructuras que hemos creado. En este caso la comunicativa. En un mundo globalizado, donde todo se sabe y todo se opina... ¿Qué tal si hablamos un poco de negación de sí mismos? Ah... eso no vende. Eso no se comenta en las redes sociales. Eso no sirve a los poderosos para acrecentar su popularidad. 

¿Qué tal si hablamos un poco sobre el episodio del Joven Rico? 

Sí. Ese que llega a Cristo y le dice que cumple con todo. El Señor se lo alaba, pero le algo más. Deber dejar todo lo que tiene y seguirle siga. Así de simple. Le dice que deje a un lado todo lo humano y social que lleva encima. Pero, claro, ¿Cómo iba a dejar todo para seguir las huellas de Cristo? ¿Cómo dejar atrás la popularidad, el poder mediático, la presencia social, la capacidad de ser escuchado, etc? 

Ese es el gran reto de la Iglesia actual: dejar atrás todo lo que no sea pisar encima de las huellas del Señor. Para ello tenemos que negarnos a nosotros mismos y tomar la cruz que hemos dejado apoyada en la pared desde hace siglos. ¿Eso duele? Suele terriblemente, pero es el único camino. A ver cuando se organiza un congreso para hablar sobre cómo comunicar a Cristo en los medios actuales. ¿Cómo comunicar el Evangelio a las personas que viven en esta sociedad postmoderna y postindividualista que se cree autosuficiente? Sería interesante ver las experiencias que se ha realizado y los problemas que se han encontrado los valientes que se ha atrevido a ello.

miércoles, 4 de abril de 2018

La estrategia de Emaús

Evangelizar es comunicar el Evangelio y el Evangelio es la Buena Noticia que Cristo nos entrega. ¿Qué es esta Buena Noticia? Podemos ver qué es lo que Cristo comunicó a los discípulos de Emaús y no andaremos lejos de entender.

Jesús les dijo: "¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas!  ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?" 

Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él. (Lc 24, 25-27)


¿Qué les ofreció Cristo? Entendimiento, sentido. Simplemente les dijo que todo y todos tenemos sentido en Él. ¿Sólo eso? Sí, era lo que los discípulos necesitaban para quitar el ruido de la actualidad de sus pensamiento. Porque este ruido era lo que les atormentaba y les impedía ver más allá. 

Cristo no realizó un show multitudinario, ni generó una representación especial, ni se vistió de otra cosa más que de Sí mismo. Hablo con ellos y mientas hablaba, los corazones ardían de... esperanza. El Evangelio saca la desesperanza de nuestro corazón y la sustituye por esperanza. Pensemos hasta qué punto podemos ayudar a comunicar esperanza cuando nos dedicamos a señalarnos unos a otros, etiquetarnos y despreciarnos. La esperanza no se comunica con palabras que se unan al ruido mediático de noticias, acontecimientos y actividades de las instancias eclesiales. Nada de eso es trascendente. Lo trascendente es llenar el vacío de quien cree que todo se hunde.

Esto se puede hacer de muchas formas, pero no es sencillo conseguirlo si mezclamos: liderazgos humanos, estructuras eclesiales, guetos intra-eclesiales, malos modos y el etiquetado de quien no piensa como nosotros.  En cambio, se puede llevar a cabo cuando, simplemente, somos nosotros y nos ofrecemos a quien necesita una palabra de aliento y sentido en su vida. Todo tiene sentido en el Señor, confía en Él. Nada escapa a sus deseos. Incluso cuando parezca que todo se derrumba, Dios encuentra en la catástrofe la clave de un nuevo inicio. Es lo que Tolkien llama la eucatástrofe y que supo comunicar con maestría en sus cuentos y novelas.

Leamos de nuevo el trozo del Evangelio que compartí arriba:

"¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas!  ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?"


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